SIMPLE conecta lo que tu empresa necesita con el aporte único que cada persona puede dar.
Pero meses después, muchas veces poco cambió. No porque las personas no quieran crecer. Saben qué mejorar, pero no saben cómo. Y el cómo lo cambia todo. Eso es lo que hace SIMPLE.
SIMPLE cruza el North Star de la empresa, la evaluación de desempeño de cada persona y su diseño biológico único para generar estrategias de crecimiento adaptadas a cómo cada una piensa, decide y alcanza su mejor desempeño. Así, la evaluación no termina olvidada en una lista de tareas que nadie vuelve a mirar.
La dirección, los valores y los principios de liderazgo que definen qué significa hacer un gran trabajo.
Las brechas y oportunidades identificadas por su líder.
Cómo piensa, decide y alcanza su mejor desempeño cada persona.
Cada persona recibe una estrategia de crecimiento personalizada, construida a partir de su evaluación de desempeño y diseñada según su forma real de trabajar. Mientras la implementa, SIMPLE acompaña su progreso para que el crecimiento no termine en la evaluación.
Cada líder comprende la singularidad de cada integrante del equipo y descubre cómo adaptar su propio estilo de liderazgo para potenciar lo mejor de cada persona.
SIMPLE mapea cómo se conectan las personas entre equipos e identifica las configuraciones en las que las fortalezas individuales se potencian entre sí y la comunicación fluye de manera natural.
Una integrante de un equipo necesitaba mejorar su proactividad. Una estrategia genérica la habría empujado a iniciar más cosas, proponer más y hablar más.
SIMPLE identificó algo distinto. Su fortaleza no era generar ideas desde cero, sino escuchar. En lugar de forzar un comportamiento que no le resultaba natural, SIMPLE le recomendó reunir a personas clave del equipo, detectar dónde estaban trabadas y proponer soluciones a partir de esas conversaciones.
Organizó una reunión semanal. En lugar de salir a buscar problemas, creó un espacio donde esos problemas llegaban a ella. Aparecieron bloqueos reales. Los proyectos empezaron a avanzar. El mismo objetivo, pero un camino completamente distinto. Uno que realmente encajaba con quién es.
Cuando cada persona crece de una manera que encaja con quién es, los equipos dejan de trabajar alrededor de las debilidades de los demás y empiezan a construir sobre sus fortalezas. Los líderes se vuelven multiplicadores. Los equipos pequeños logran cosas grandes.